ArtÃculo publicado el 27 de junio de 2001, cuando Javier Uria decidió que los equipos inferiores del Athletic dejaran de vestir de rojo y blanco
¿Cómo van a pedir los directivos amor a los colores si ellos no los tienen? Esa pregunta surgio hace unas semanas cuando, por sorpresa, el consejo de administración del Deportivo Alavés decidió que en la final de Dortmund, el bravo equipo albiazul podrÃa ser bravo, pero no albiazul. Cuestión de dinero, se supone. Afán recaudatorio con la venta de camisetas, pero escaso cariño a los colores tradicionales. El lunes, en la primera reunión de la junta directiva del Athletic, Uria y su equipo decidieron -no consta si fue tras una sesuda cavilación- que una de las medidas para romper con el pasado más reciente consistirÃa en impedir a los equipos inferiores del club vestir de rojo y blanco. En un club de tradiciones, como se supone es el Athletic, se vuelve a romper con una. Desde que se crearon los primeros equipos infantiles -y existen fotografÃas de 1913 que lo atestiguan- la equipación fue rojiblanca. El Athletic, desde el 9 de enero de 1910, utiliza el uniforme a rayas verticales, que ha modificado a expensas de la moda del momento, pero nunca ha sustituÃdo. Salvadas las distancias, la decisión recuerda a la que, en la pelÃcula Bananas de Woody Allen, toma un dictador sudamericano: «A partir de hoy, los ciudadanos llevarán la ropa interior por fuera». Ambas son decisiones referentes a prendas de vestir. Ambas son decisiones aparentemente absurdas, aunque en el caso rojiblanco, argumentada en una supuesta motivación o afán por llegar a vestirse algún dÃa con esa camiseta ahora vedada a las promesas. ¿Hay más motivación que jugar en el Athletic y en Primera División? ¿Se va a comer un futbolista la hierba sólo por llegar a vestir de rojiblanco? Pobre argumento el que esgrime Javier Uria. Más que motivación para los aspirantes, la medida generará frustración en los que no lleguen, que son mayorÃa aplastante. Se puede dar la vuelta al razonamiento de la directiva: Los chavales que llegan a Lezama se sienten orgullosos por vestir, desde el primer dÃa, como sus Ãdolos, de rojo y blanco. Muchos que no han llegado ni siquiera a juveniles guardan el gran recuerdo de haberse enfundado la camiseta del Athletic en alevines o infantiles. Ahora ya saben los chavales que sólo unos pocos podrán hacerlo, que tal vez no merezca la pena siquiera intentarlo.Los chavales que en 1913 vistieron la camiseta infantil como los de las generaciones posteriores, llegaron -o no- a jugar en el Athletic por sus méritos futbolÃsticos. Y además, vestidos de rojiblanco, aprendieron desde el primer dÃa a sentir el amor a los colores.