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Y cogíamos la vieja furgoneta y, cada quince días, repetíamos la misma vieja historia: 400 kilómetros de viaje a Old Trafford y otros 400 de vuelta, alegres cuando los Diablos Rojos vencían; tristes pero esperanzados cuando escocia la derrota. Éramos dos, un escocés jubilado y yo, recién empezado a dar clases de historia en St Illtyd´s , Cardiff, donde a pesar de leyendas vivas como Mark Hughes y Ryan Giggs, los niños aún prefieren soñar con la zamarra roja del dragón y el balón ovalado. E íbamos a Old Trafford, porque el Teatro de los Sueños era ya por aquel entonces un nombre lleno de pathos y de nostalgia. Revoloteaban por allí, como mariposas negras, las cenizas del desastre de Munich (6 de febrero de 1958), y se oían, no muy lejanos los cañonazos de los tanques soviéticos en las calles de Budapest. Y es que mi viejo amigo escocés no sabía que dos años antes de la tragedia, el Athletic había jugado en San Mamés contra el Honved exiliado de Puskas, Szibor, Kocsis…Y yo recordaba a Merodio, a Arieta…Tampoco sabía que en aquel nombre, Manchester United, para mí había muchas cosas inexpresables: la nieve de San Mamés entre otras, cuando en la temporada 56-57 el Athletic había batido a aquel United esplendorosamente juvenil, de Violet, Taylor… Mi amigo escocés estaba muy acostumbrado a la nieve y no sabía que la Catedral nevada pudiera ser tan fascinante para mí. Con mi amigo escocés viajé una vez, una sola vez, a Wembley a ver al United ganar la final de Copa, y aprendí a cantar «Abide with me» -Quédate conmigo-. Y me explicó que lo había escrito el pastor escocés Henry Francis Lyte tres semanas antes de morir de tuberculosis. Luego aprendí que había más cantos, y que alguno de los más bellos, «You´ll never walk alone» (Nunca caminarás solo) venía de muy cerca, de Anfield, 30 kilómetros carretera abajo, y que antes del final de los partidos el Kop solía gritar «No surrender!» (No os rindáis). Y que resonaba como el «¡¡¡Athletic!!!» en San Mamés.Y es que todos los grandes escenarios, como San Mamés y Old Trafford, tienen la fuerza tremenda de la nostalgia, del fair play, la llamada sencilla y acogedora de los faros los días de tormenta, para marcar el viaje de retorno a casa cuando las señas de identidad se hacen más difíciles de reconocer. A mí me invita a cantar con John Henry Newman «Lead, Kindly Light, amid the encircling gloom…» (Guíame, luz amable, en la oscuridad que me rodea….) Y es que, a pesar de tanta inmundicia como nos rodea, el fútbol también tiene sus cosas muy buenas.Como todos sabemos, pronto, muy pronto, San Mamés se vestirá de gala. Viene el Manchester United. Esperemos que esta vez los sueños del Teatro encuentren un altar apropiado en la Catedral. 

Artículo escrito por Patxi Ezkiaga Lasa, guipuzcoano de Legorreta, hermano de La Salle, escritor y poeta, formado en las universidades de Oxford y Cambridge, publicado el 2 de marzo de 2012. Ezkiaga, además de Premio Euskadi de novela, es seguidor del Athletic.

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El teatro y la Catedral

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